SANTO DOMINGO ESTE.- La celebración de las fiestas patronales en honor a Nuestra Señora de los Dolores llegó a su clausura este martes 15 de septiembre con una Eucaristía en la que la comunidad vivió un momento especial de fe al acompañar a más de 15 niños y adultos que recibieron el sacramento de la Confirmación.
La celebración fue presidida por el padre Alejandro Valera Canario, en representación del obispo monseñor Manuel Ruiz, quien durante la Eucaristía centró su reflexión en el significado de caminar con Cristo aun en medio de las heridas, dificultades y pruebas que forman parte de la vida.
En una noche dedicada a contemplar a María bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, el mensaje tomó un sentido profundo: la Madre permanece al pie de la cruz y, desde allí, se convierte en consuelo para quienes atraviesan momentos de sufrimiento y han visto debilitada su esperanza.

El padre Valera Canario recordó que la fe recibida y celebrada dentro del templo está llamada a hacerse vida fuera de él. Por eso, al dirigirse a quienes recibieron la Confirmación, especialmente a los jóvenes y adultos, insistió en que el sacramento no representa una despedida de la Iglesia, sino un llamado a asumir una misión.
La Confirmación, explicó, debe llevarlos a colaborar con su comunidad, permanecer unidos a su párroco y aportar al trabajo de evangelización, convirtiéndose en testigos de Cristo allí donde desarrollan su vida.
También tuvo palabras de agradecimiento para los padres que acompañaron el proceso de preparación de sus hijos y para los padrinos, llamados a permanecer junto a ellos como testigos y acompañantes en esta nueva etapa de su vida cristiana.
Uno de los llamados más significativos de la celebración fue a ser esperanza para los demás. El sacerdote exhortó a los confirmados y a toda la comunidad a llevar la presencia de Cristo a sus hogares y barrios, especialmente hacia aquellos que sufren, lloran o han perdido la esperanza.
En este contexto, la figura de la Dolorosa estuvo presente como una invitación a mirar el sufrimiento desde la fe. María, que permanece junto a Jesús en la cruz, recuerda al creyente que Dios no abandona en medio del dolor, sino que abre caminos de reconciliación, renovación y vida nueva.

La celebración también invitó a reconocer las propias heridas y dificultades, no para quedarse en ellas, sino para permitir que Cristo transforme el corazón y ayude a cada persona a levantarse nuevamente.
“En nuestras fuerzas es imposible”, expresó el padre Valera Canario, al recordar que la vida cristiana no se sostiene únicamente con las capacidades humanas, sino con la confianza en Dios y el acompañamiento de la Iglesia.
La Eucaristía de clausura dejó así un mensaje que fue más allá del cierre de las actividades patronales. Las fiestas en honor a Nuestra Señora de los Dolores concluyeron con un envío: volver a los hogares, a las familias y a las comunidades llevando a Cristo, acompañados por María y llamados a ser signos de esperanza.
Con la celebración de los sacramentos, la oración y el encuentro comunitario, la fiesta patronal cerró poniendo nuevamente en el centro a Cristo, mientras la imagen de la Madre Dolorosa recordó a todos que incluso al pie de la cruz puede nacer la esperanza.
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