Memoria Libre: Santo Tomás de Villanueva, Obispo
Sábado, 10 de octubre de 2026
Color: VERDE/BLANCO
Primera lectura: Gál 3,22-29
Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas
Hermanos: La Escritura presenta al mundo entero prisionero del pecado, para que lo prometido se dé por la fe en Jesucristo a todo el que cree. Antes de que llegara la fe estábamos prisioneros, custodiados por la ley, esperando que la fe se revelase. Así, la ley fue nuestro pedagogo hasta que llegara Cristo y Dios nos aceptara por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos al pedagogo, porque todos son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que se han incorporado a Cristo por el bautismo se han revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos son uno en Cristo Jesús. Y, si son de Cristo, son descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 104,2-3.4-5.6-7
R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Cántenle al son de instrumentos, hablen de sus maravillas; gloríense de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. R/.
Recurran al Señor y a su poder, busquen continuamente su rostro. Recuerden las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.
¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R/.
Evangelio: Lc 11,27-28
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, mientras hablaba a las turbas, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: «¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!» Pero él repuso: «Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!».
Palabra del Señor
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“Un solo pueblo en el amor de Cristo”
La misión cristiana no consiste únicamente en transmitir conocimientos religiosos o en aumentar el número de creyentes. Su propósito más profundo es llevar a cada persona a un encuentro vivo con Jesucristo, para que su corazón sea transformado por la gracia y participe de la vida nueva que Él ofrece. Solo quien ha sido alcanzado por Cristo puede convertirse en un verdadero testigo de su Reino.
En la Carta a los Gálatas, san Pablo proclama que los hijos de Abraham no son únicamente quienes pertenecen a un determinado pueblo o cumplen normas externas, sino todos aquellos que creen en Jesucristo. La fe abre las puertas de la salvación a todos los pueblos, derriba los muros de la exclusión y hace de la Iglesia una familia universal.
Cristo cargó sobre sí nuestra maldición para ofrecernos su bendición. La cruz, que parecía un signo de derrota, se convirtió en el lugar donde el amor de Dios venció al pecado y a la muerte. Desde la cruz nace la misión de la Iglesia. Cada misionero anuncia precisamente esta buena noticia: nadie está excluido del amor de Dios y todos están llamados a participar de la salvación que Cristo ofrece gratuitamente.
El salmo responsorial nos invita a contemplar la fidelidad del Señor. Dios nunca olvida su alianza y permanece fiel a su pueblo incluso cuando este se aleja. Esa fidelidad es el fundamento de nuestra esperanza y el motor de la misión. Evangelizamos porque primero hemos experimentado que Dios nos busca, nos perdona y nos llama por nuestro nombre.
En el Evangelio, Jesús responde a quienes lo acusan injustamente de expulsar demonios con el poder del príncipe de los demonios. El Señor afirma que es por el «dedo de Dios» como vence al maligno, manifestando así que el Reino de Dios ya está presente.
Estas palabras nos recuerdan que la misión también implica un combate espiritual. Cada vez que el Evangelio transforma una vida, recupera la esperanza o libera a una persona del pecado, el Reino avanza. Evangelizar significa participar en la victoria de Cristo sobre todo aquello que destruye la dignidad humana.
Pero Jesús ofrece una advertencia: no basta con expulsar el mal, es necesario llenar el corazón con la presencia de Dios. Una casa limpia pero vacía corre el riesgo de volver a ser ocupada. De igual manera, no basta con abandonar el pecado si no cultivamos una relación constante con Cristo mediante la oración, la Palabra, los sacramentos y la caridad.
También nuestras comunidades corren este riesgo. Podemos conservar estructuras, actividades y tradiciones, pero si Cristo deja de ocupar el centro, la misión pierde su fuerza. Una parroquia verdaderamente misionera es aquella donde Jesús orienta cada decisión y cada proyecto pastoral.
Hoy recordamos a san Juan Leonardi y a san John Henry Newman, hombres que comprendieron que toda renovación auténtica comienza con la conversión personal y una entrega profunda a Cristo.
Durante este Octubre Misionero, preguntémonos: ¿Habita verdaderamente Cristo en mi corazón? ¿Refleja mi vida la alegría de quien ha sido salvado por Él? ¿Soy un instrumento para que otros descubran su amor?
La misión consiste en llenar el mundo de la presencia de Cristo. Allí donde Él reina, florecen la paz, la justicia, la reconciliación y la esperanza. Solo una Iglesia llena de Cristo podrá llevar a Cristo a los demás.
Compromiso Misionero: Hoy haré un examen de conciencia para identificar aquello que ocupa el lugar que solo pertenece a Cristo en mi corazón. Renovaré mi amistad con Él mediante la oración, la lectura del Evangelio o una visita al Santísimo Sacramento. Además, compartiré una palabra de esperanza con alguien que necesite experimentar la cercanía de Dios
(Guía Litúrgica)
«No solo de pan vive el hombre» (Lc 4,4)

