A veces le pedimos a Dios grandes cosas. Un gran milagro, una respuesta que cambie nuestra vida, una oportunidad que nos permita alcanzar aquello que tanto deseamos. Y no estƔ mal pedirle. La fe tambiƩn consiste en presentarle al SeƱor nuestras necesidades, nuestros sueƱos y nuestras preocupaciones. El problema aparece cuando, esperando los grandes milagros, dejamos de reconocer los pequeƱos que Dios ya estƔ haciendo delante de nosotros.
Dios tambiĆ©n trabaja en lo cotidiano. EstĆ” en ese dĆa que comienza cuando abrimos los ojos y seguimos aquĆ. EstĆ” en el sol que vuelve a salir, en la familia, en los hijos, en el trabajo, en una conversación, en una reconciliación, en la persona que aparece en el momento preciso. Hay milagros que no hacen ruido y que, precisamente por ser tan cotidianos, terminamos dejando de ver.
Vivimos, ademĆ”s, en una sociedad que nos empuja constantemente a querer mĆ”s. MĆ”s dinero, mĆ”s cosas, mĆ”s reconocimiento, mĆ”s Ć©xito. Y nuestra ambición puede terminar nublĆ”ndonos la mirada. A veces hacemos del dinero un pequeƱo dios y creemos que cuando tengamos aquello que nos falta, entonces seremos felices. Mientras perseguimos lo que todavĆa no tenemos, dejamos de agradecer lo que ya recibimos. JesĆŗs nos recuerda: āĀæNo vale mĆ”s la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido?ā (Mt 6,25).
La vida misma es un don. La familia es un don. Los hijos son un don. El trabajo, aunque muchas veces nos canse, tambiĆ©n puede ser un don. Poder despertar cada maƱana, tener una nueva oportunidad, abrazar a quienes amamos, sentarnos a comer juntos o simplemente regresar a casa tambiĆ©n son gracias que muchas veces damos por sentadas. Cuando uno aprende a agradecer lo pequeƱo, comienza a descubrir que la vida estĆ” llena de regalos que antes no sabĆa mirar.
TambiĆ©n hay pequeƱas victorias que tienen un enorme valor delante de Dios. Un dĆa en que logramos vencer una tentación, pedir perdón, perdonar, controlar una reacción, hacer el bien cuando nadie nos estĆ” mirando o simplemente levantarnos despuĆ©s de una caĆda. Cada paso que damos hacia el bien es una obra de la gracia. Por eso, la vida espiritual no siempre se encuentra en grandes acontecimientos; muchas veces se construye en las pequeƱas decisiones de cada dĆa.
San Pablo nos invita a ādar gracias en toda ocasiónā (1 Tes 5,18). Y esto incluye aprender a agradecer no solo por lo que Dios nos da, sino tambiĆ©n por aquello que no nos da. Porque no todo lo que queremos nos conviene (1Cor 6,12), no todo lo que pedimos es para este momento y no todo lo que parece una puerta cerrada significa que Dios se ha olvidado de nosotros. A veces tambiĆ©n hay amor en la espera. A veces la respuesta de Dios es un ātodavĆa noā. Y confiar en esa respuesta requiere aprender a descansar en su bondad y en su paternidad.
Dios quiere que seamos felices. Pero su deseo no es simplemente darnos una vida cómoda o concedernos todo aquello que queremos. Ćl quiere nuestra plenitud, una felicidad que no dependa exclusivamente de cuĆ”nto tenemos, de cuĆ”nto ganamos o de cuĆ”ntas metas alcanzamos. JesĆŗs nos dice: āBusquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demĆ”s se les darĆ” por aƱadiduraā (Mt 6,33). QuizĆ”s muchas veces hemos invertido el orden: buscamos primero todo lo demĆ”s y dejamos a Dios para despuĆ©s.
La vida seguirĆ” teniendo dificultades, habrĆ” dĆas que nos agobien y momentos que no entendamos. Pero quizĆ”s vivir mejor no significa tener una vida sin problemas, sino aprender a descubrir a Dios tambiĆ©n dentro de ellos. Porque cuando dejamos de esperar solamente lo extraordinario y comenzamos a mirar con gratitud lo cotidiano, algo cambia en nosotros. Descubrimos que tenemos mucho mĆ”s de lo que pensĆ”bamos.
Tal vez hoy no ocurrió el gran milagro que estÔbamos esperando. Pero amanecimos. Estamos vivos. Tenemos una nueva oportunidad. Tenemos personas a quienes amar y un Dios que, aun cuando no lo vemos, sigue trabajando.
TambiƩn en lo cotidiano, en lo sencillo y en nosotros.
ComunĆcate con el autor: bautista.gregorio30@gmail.com


Lo he experimentado š
”Muy oportuno!