Santo Domingo Este.– La Diócesis Stella Maris celebró la conferencia “Construyendo Familias sobre la Palabra de Dios”, seguida de la Santa Misa, como un espacio de formación, reflexión y encuentro para matrimonios, familias y agentes de pastoral, con el propósito de fortalecer la vida familiar desde la fe y el Evangelio.
La actividad se realizó el martes 29 de septiembre en la Catedral Stella Maris de Santo Domingo Este, desde las 6:30pm y contó con la participación del padre Daniel Kerber, doctor en Sagradas Escrituras, sacerdote uruguayo y párroco de la Parroquia Stella Maris de la Arquidiócesis de Montevideo.
El encuentro fue coordinado por la Diócesis Stella Maris, la Dirección de Comunicación y Prensa de la Arquidiócesis de Santo Domingo y Multimedios Vida, con la participación del padre Domingo Vásquez Morales, director de Comunicación y Prensa de la Diócesis Stella Maris, junto al padre Alejandro Valera, párroco de la Catedral y vicario general, y el padre Eduardo Carrión, vicario de pastoral, también estuvo presente el padre Kennedy Rodriguez en representación de los Multimedios Vida.
Durante la conferencia, el padre Kerber centró su reflexión en la necesidad de que las familias construyan su vida sobre fundamentos firmes, tomando como referencia las palabras de Jesús al concluir el Sermón de la Montaña: “El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca” (Mt 7,24).
El sacerdote explicó que el matrimonio y la familia están llamados a ser verdaderas “iglesias domésticas”, edificadas sobre Cristo y sostenidas por la escucha y puesta en práctica de la Palabra de Dios.
Uno de los aspectos destacados de su exposición fue la afirmación de que el verdadero órgano para escuchar la Palabra son las manos, haciendo referencia al yad, el puntero con forma de mano utilizado tradicionalmente en la lectura de la Torá. Con esta imagen, explicó que escuchar a Dios no consiste solamente en oír, sino también en comprender, decidir y llevar la Palabra a la vida cotidiana.
Asimismo, invitó a los matrimonios a asumir con esperanza los desafíos propios de la vida familiar. Al reconocer entre los participantes matrimonios con décadas de vida conyugal, señaló que la convivencia matrimonial no siempre es fácil, pero “es apasionante y vale la pena”, destacando la importancia de perseverar, acompañarse y crecer juntos.
También reflexionó sobre los desafíos que enfrentan las nuevas generaciones y la responsabilidad de los padres en la formación de sus hijos, advirtiendo sobre modelos educativos excesivamente permisivos que pueden dificultar la construcción de personalidades firmes y responsables.
El padre Kerber contrapuso los modelos sociales centrados exclusivamente en el éxito y la autosuperación con la propuesta de las Bienaventuranzas, que presentan un camino de fecundidad humana y espiritual. En este sentido, llamó a las familias cristianas a ser “sal de la tierra y luz del mundo”, dando sabor a la sociedad y permitiendo que, mediante su testimonio, otros puedan encontrar el camino.
Otro de los pilares de su reflexión fue el perdón dentro del hogar. Recordó que la fragilidad humana hace necesario aprender a perdonar continuamente, siguiendo la petición del Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos”. Para el sacerdote, el perdón constituye un camino indispensable para sanar heridas y preservar la unidad familiar.




Una celebración centrada en los santos arcángeles
Posteriormente se celebró la Santa Misa, en la fiesta de los santos Miguel, Gabriel y Rafael, presidida por el padre Daniel Kerber.
Durante su homilía, explicó que los ángeles son criaturas de Dios que lo alaban en el cielo y que, al mismo tiempo, son enviados por Él para servir a los seres humanos. Destacó que sus nombres revelan también la misión que desempeñan.
Sobre san Miguel, explicó que su nombre significa “¿Quién como Dios?”, y lo presentó como el príncipe de las milicias celestiales que proclama la victoria de Dios. Recordó que los cristianos no participan de una lucha cuyo resultado sea incierto, porque Cristo ya ha vencido, y quienes lo siguen participan de esa victoria.
Al referirse a san Gabriel, destacó su misión como mensajero de la salvación. Recordó su anuncio a la Virgen María y también su intervención ante san José, subrayando que ambos acogieron el mensaje de Dios con obediencia y confianza. María respondió: “Hágase en mí según tu palabra”, mientras José se levantó y puso en práctica lo que había recibido en el anuncio.
En cuanto a san Rafael, explicó que su nombre significa “Dios sana” y recordó su presencia en el Libro de Tobías, donde aparece como instrumento de Dios para acompañar y sanar.
El sacerdote afirmó que la presencia de los tres arcángeles recuerda a los fieles que “no estamos solos”, pues Dios acompaña a su pueblo y ha dispuesto también a sus ángeles para servirlo.

“Verán el cielo abierto”
Reflexionando sobre el Evangelio proclamado, tomado de san Juan, el padre Kerber centró especial atención en las palabras de Jesús: “Verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.
Explicó que esta imagen remite al sueño de Jacob narrado en el Génesis, donde los ángeles subían y bajaban por una escalera que unía el cielo y la tierra. Sin embargo, señaló que en el Evangelio de Juan la escalera desaparece y aparece Jesús, porque es Cristo quien se convierte en el verdadero mediador entre el cielo y la tierra.
El sacerdote invitó a los presentes a asumir como tarea espiritual la lectura de la Sagrada Escritura, particularmente del Evangelio, para descubrir en ella aquello que Jesús promete mostrar a sus discípulos.
“Que los ángeles que el Señor puso para nuestro servicio y la Palabra que el Señor nos regala nos abran camino”, exhortó, invitando a los fieles a comprometerse con la lectura de la Palabra, seguir a Cristo y convertirse en testigos de la salvación para las personas a quienes Dios los envía.
La jornada concluyó como una invitación a fortalecer los hogares desde la fe, el perdón y la escucha activa de la Palabra de Dios, reconociendo a la familia como un espacio privilegiado para vivir y transmitir el Evangelio.

