Un total de 25 niños y jóvenes recibieron el sacramento de la Confirmación en una emotiva ceremonia que marcó el segundo día de los festejos patronales.
Santo Domingo. – En un ambiente de júbilo y renovado compromiso eclesial, la comunidad de la Parroquia Asunción de Nuestra Señora celebró este viernes 7 de agosto el segundo día de sus fiestas patronales. El punto central de la jornada fue la celebración del sacramento de la Confirmación, presidida por monseñor Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, obispo de la Diócesis Stella Maris.
La Eucaristía contó con la concelebración del párroco, el Padre Víctor Fabio Pérez Gómez, con la participación del diácono Rafael Martínez y ministros del altar, quienes acompañaron al prelado junto a una nutrida concurrencia de fieles, familiares y padrinos reunidos para acompañar a 25 niños y jóvenes en este paso decisivo hacia la madurez cristiana.
Desde el inicio de la misa se percibía un clima de profunda devoción. Para las familias no se trataba solo de asistir a una celebración litúrgica más dentro del programa patronal, sino de presenciar un momento clave en el fortalecimiento y crecimiento espiritual de sus hijos.
La fuerza del Espíritu Santo en la misión diaria
Durante la homilía, desarrollada bajo el tema “María, Madre y Modelo del Bautizado”, monseñor Ruiz de la Rosa centró su reflexión en el significado de recibir el Espíritu Santo y en la responsabilidad activa que nace con este sacramento.
El prelado explicó que la Confirmación no debe verse como el final de la catequesis, sino como el punto de partida de un apostolado:




“Este regalo que se recibe tiene unas implicaciones: tiene que moverme, llevarme a la misión, a dar testimonio de Jesucristo. No podemos dar testimonio quedándonos callados cada vez que tenemos la oportunidad de hablar de Él. Recibimos una gracia, recibimos esta unción y recibimos una misión. Somos enviados entonces como apóstoles para llevar la Buena Noticia”, enfatizó.
Asimismo, utilizó analogías cercanas e instructivas para prevenir la pasividad espiritual en los fieles:
“Los haraganes no entran al cielo. Aquel que se humilla en la misión del Señor, si llega cuando la puerta ya está cerrada, es porque no se puso las pilas. Hay gente a la que hay que darle un ‘corrientazo’ para que despierte, porque no arrancan”, afirmó.
Fe cotidiana, dones al servicio y el rol vital de los padrinos
Monseñor Ruiz invitó a los confirmandos a reconocer los dones que Dios ha sembrado en cada persona —comenzando por el regalo de la vida, la salud y la familia— e instó a no dar por sentadas estas gracias, sino a utilizarlas al servicio de los demás. Señaló que se evangeliza no solo con palabras, sino también al escuchar, acoger, acompañar y tender la mano a quien lo necesita.
“El Señor invierte, el Señor siembra, el Señor nos está ungiendo, y eso tiene que dar frutos”, aseveró el obispo.
Un momento de especial cercanía estuvo dedicado a los padrinos y madrinas, a quienes recordó que su función trasciende la ceremonia o la fotografía del recuerdo:
“El padrino y la madrina son papás en la fe; tienen siempre que estar atentos al crecimiento y alimento de sus hijos espirituales. No se pueden desaparecer después de la Confirmación; es un seguimiento permanente”, subrayó.
Cierre comunitario
La jornada concluyó con un fraternal encuentro comunitario donde los nuevos confirmados compartieron con sus familiares, padrinos y sacerdotes, sellando una velada de profunda significación espiritual en el marco de los festejos patronales en honor a la Asunción de Nuestra Señora.

