En un ambiente de profunda fe, alegría y gratitud, se celebró la Santa Eucaristía por el 40 aniversario de ordenación sacerdotal de Fray José María Guerrero, en la Parroquia San Francisco de Asís (Paz y Bien) ubicada en la Av. Sabana Larga No. 12, esquina Club Rotario, en el Ensanche Ozama, de la Diócesis Stella Maris
La solemne celebración fue presidida por Su Excelencia Reverendísima Mons. Julio César Corniel Amaro, obispo de la Diócesis de Puerto Plata, signo de la sucesión apostólica y comunión eclesial, quien junto a los obispos concelebrantes elevó acción de gracias por el don del sacerdocio. Concelebraron Mons. Manuel Antonio Ruiz de la Rosa, obispo de Stella Maris, Mons. Tomás Alejo Concepción, obispo de la Diócesis de San Juan de la Maguana y Mons. Faustino Burgos Brisman, obispo de la Diócesis de Baní, además de sacerdotes, diáconos, vida consagrada y fieles.
En su homilía Mons. Corniel Amaro, destacó que los 40 años de sacerdocio representan un camino de fidelidad, prueba, purificación y entrega total al Evangelio.
Mons. Corniel, recordó que el sacerdote es llamado a ser:
Servidor humilde a ejemplo de Cristo
Anunciador fiel de la Palabra
Pastor cercano al pueblo, especialmente a los más necesitados
Subrayó además, que la verdadera grandeza del ministerio no está en los logros humanos, sino en la capacidad de amar y servir con perseverancia, incluso en medio de dificultades, cansancios e incomprensiones.
Asimismo, Mons. Corniel hizo memoria de la acción de Dios en estos 40 años a través de:
Bautismos, Eucaristías y confesiones
Acompañamiento espiritual a familias y comunidades
Servicio silencioso y constante en la Iglesia
La homilía concluyó con un llamado a renovar la vocación sacerdotal, promover nuevas vocaciones y vivir con mayor profundidad la espiritualidad de comunión, servicio y amor a la Iglesia.

Breve reseña de Fray José María Guerrero
Fray José María Guerrero es un sacerdote de la Orden de Hermanos Menores Capuchinos (franciscanos), con 40 años de ministerio presbiteral dedicados al servicio de la Iglesia en la predicación, la formación espiritual y el acompañamiento pastoral.
Se distingue por su profunda espiritualidad franciscana, centrada en la sencillez, la fraternidad y el amor a Cristo pobre y crucificado. A lo largo de su ministerio ha impulsado una fuerte vivencia eucarística, la vida de oración, y el amor a la Iglesia y al sacerdocio.
Su testimonio se ha caracterizado por un estilo de vida cercano al pueblo, una predicación apasionada del Evangelio y una insistente invitación a la conversión, la adoración y la fidelidad a Dios.
En este contexto jubilar, su vida se presenta como signo de entrega, perseverancia y gratitud, inspirando a nuevas generaciones a seguir a Cristo con radicalidad evangélica.
“40 años de sacerdocio: una vida entregada al Evangelio, sostenida por la gracia de Dios y al servicio del Pueblo Santo.”
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