Monseñor Manuel Antonio Ruiz exhorta a los catequistas a enseñar a vivir la fe, propiciar la experiencia del amor de Dios y trabajar junto a las familias en la formación cristiana.

Santo Domingo Este, 25 de octubre de 2026.— La Diócesis Stella Maris celebró por primera vez el Día Diocesano del Catequista, una jornada de encuentro, formación, oración y fraternidad que reunió a catequistas de las cinco zonas pastorales de esta Iglesia particular: Los Mina, San Isidro, Boca Chica, Villa Duarte y Oriental Sur.
La celebración, realizada bajo el lema «Catequista: desde el bautismo, caminamos en sinodalidad hacia la santidad», tuvo lugar en las instalaciones del Colegio Cervantes e incluyó presentaciones artísticas, dinámicas de integración, rifas, animación musical a cargo del coro JASAC y espacios de confraternidad, como expresión de la unidad y el compromiso de quienes dedican su vida al servicio de la evangelización.

Como parte del programa formativo, sor Lourdes Arcángel, coordinadora arquidiocesana de Formación de Catequesis, impartió la conferencia «Los desafíos para una catequesis en clave de sinodalidad», en la que invitó a renovar la misión catequética mediante la escucha, el diálogo, la participación de las familias y la formación permanente.
Asimismo, fueron reconocidos 25 catequistas por su fidelidad a la misión, espíritu de servicio, compromiso pastoral, testimonio de fe y vivencia de la sinodalidad, destacando el valor de su entrega en la formación cristiana de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
Monseñor Ruiz: «Lo esencial es enseñar a amar a Dios»

La jornada culminó con una peregrinación hacia la Catedral Stella Maris, donde monseñor Manuel Antonio Ruiz, obispo de la diócesis, presidió la celebración eucarística y dirigió un mensaje de gratitud y aliento a los catequistas, destacando la importancia de su misión para el crecimiento espiritual de la Iglesia y la transformación de la sociedad.
Al reflexionar sobre el Evangelio de san Mateo, que presenta el mandamiento del amor a Dios y al prójimo como fundamento de la vida cristiana, el obispo agradeció a los catequistas por responder afirmativamente a la llamada del Señor y dedicar sus esfuerzos a formar personas comprometidas con el seguimiento de Jesucristo.

Monseñor Ruiz subrayó que la catequesis no puede limitarse a la transmisión de conocimientos, la memorización de oraciones o el aprendizaje de los mandamientos. Aunque reconoció la importancia de estos elementos, insistió en que la misión fundamental del catequista es ayudar a sus catequizandos a vivir una verdadera experiencia de Dios.
En ese sentido, explicó que enseñar la fe requiere conectar los conocimientos con la vida cotidiana, de manera que el amor a Jesucristo no sea únicamente una idea aprendida, sino una experiencia capaz de transformar el corazón, las decisiones y las relaciones con los demás.

El prelado animó a los catequistas a dar testimonio de su fe mediante acciones concretas, enseñando a perdonar, amar al prójimo y vivir los valores del Evangelio. Señaló que este acompañamiento contribuye a la formación de personas con principios cristianos y representa un aporte significativo a la construcción de una sociedad más justa, fraterna y solidaria.
La familia, primera escuela de la fe

Otro de los aspectos centrales de la homilía fue la necesidad de fortalecer el vínculo entre los catequistas y las familias. Monseñor Ruiz recordó que los padres son los primeros educadores en la fe y que la parroquia, mediante sus agentes de catequesis, está llamada a acompañarlos y proporcionarles herramientas para cumplir esta responsabilidad.
Asimismo, exhortó a dar continuidad al proceso de formación cristiana después de la recepción de los sacramentos, evitando que los niños y adolescentes se alejen de la comunidad eclesial una vez concluida una etapa de catequesis.
Como alternativa, propuso integrarlos progresivamente en el servicio pastoral, como monitores y asistentes de catequesis, favoreciendo así su participación activa en la vida de la Iglesia y su compromiso con la evangelización de otros niños y jóvenes.

Al concluir su homilía, el obispo recordó que la misión de los catequistas tiene una dimensión trascendente: acompañar a cada persona en el camino hacia el encuentro con Dios y la vida eterna. Por ello, los exhortó a perseverar en su vocación, conscientes de que su entrega puede dejar una huella duradera en quienes reciben su testimonio y formación.
Con esta primera celebración del Día Diocesano del Catequista, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso con la formación permanente, el acompañamiento pastoral y el reconocimiento de sus catequistas, pilares fundamentales de la iniciación cristiana y de la transmisión de la fe.
La jornada concluyó con una invitación a continuar caminando juntos, desde el bautismo y en espíritu de sinodalidad, para construir una Iglesia misionera que forme discípulos comprometidos con Jesucristo y con el anuncio del Evangelio.
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Santo Domingo Este, República Dominicana.

