La Iglesia celebra el 16 de octubre el testimonio de dos santas que, desde la caridad con los más necesitados y la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús, nos invitan a renovar nuestro compromiso bautismal.
Introducción:
Cada 16 de octubre, la Iglesia recuerda a Santa Eduviges, religiosa, y a Santa Margarita María de Alacoque, virgen. Aunque vivieron en épocas diferentes y siguieron caminos espirituales distintos, ambas dejaron una huella profunda en la historia de la fe cristiana. Sus vidas nos recuerdan que la santidad no consiste solamente en practicar devociones, sino en permitir que el amor de Dios transforme nuestras decisiones, nuestras relaciones y nuestro servicio a los demás.
Sus testimonios representan una invitación para la Iglesia que peregrina en la República Dominicana, donde las parroquias, las comunidades religiosas, las familias y los agentes pastorales están llamados a anunciar el Evangelio con palabras y obras.
Santa Eduviges: una vida de servicio a los pobres
Santa Eduviges nació alrededor de 1174 en el seno de una familia noble alemana. Contrajo matrimonio con Enrique, duque de Silesia, y fue madre de seis hijos. A pesar de su posición social, se distinguió por su humildad, su vida de oración y su cercanía con las personas más vulnerables.
Su riqueza y su influencia no fueron instrumentos para alimentar la vanidad, sino oportunidades para servir. Se preocupó por los pobres, los enfermos, las viudas y los huérfanos. También impulsó iniciativas religiosas y asistenciales, entre ellas la fundación del monasterio cisterciense de Trebnitz, en la actual Polonia.
Tras la muerte de su esposo, ingresó en aquel monasterio, donde vivió con sencillez y espíritu de servicio hasta su fallecimiento, en 1243. Fue canonizada por el papa Clemente IV en 1267.
Su legado contiene una enseñanza de gran actualidad: la verdadera grandeza cristiana se manifiesta en la capacidad de ponerse al servicio de los demás. Eduviges comprendió que los bienes materiales, las responsabilidades familiares y la influencia social adquieren un sentido evangélico cuando contribuyen a dignificar la vida humana.
¿Qué nos enseña Santa Eduviges para vivir el bautismo?
En la República Dominicana, su testimonio interpela a quienes trabajan por las comunidades más empobrecidas, a las familias que atraviesan dificultades económicas y a quienes ejercen responsabilidades sociales, profesionales o públicas.
Vivir el bautismo, a la luz de Santa Eduviges, significa reconocer la dignidad de cada persona, compartir con generosidad, acompañar a los enfermos, proteger a los más vulnerables y promover comunidades donde nadie se sienta abandonado.
En nuestros barrios y campos, esta espiritualidad puede hacerse realidad mediante la solidaridad parroquial, las visitas a los hogares necesitados, la atención a los adultos mayores y el compromiso con los niños y las familias que requieren apoyo.
Su vida nos recuerda que la fe no puede permanecer encerrada en el templo: debe hacerse visible en la justicia, la misericordia y el servicio cotidiano.
Santa Margarita María de Alacoque: el amor que brota del Corazón de Jesús

Santa Margarita María de Alacoque nació en Francia en 1647. Desde joven manifestó una profunda inclinación hacia la oración y la vida espiritual. A los 24 años ingresó en la Orden de la Visitación de Santa María, fundada por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal.
Su vida religiosa estuvo marcada por pruebas, incomprensiones y una intensa búsqueda de fidelidad a Cristo. En el monasterio de Paray-le-Monial, entre 1673 y 1675, afirmó haber recibido experiencias místicas en las que Jesús le manifestó de manera especial el amor de su Sagrado Corazón.
A partir de estas experiencias, Margarita María se convirtió en una de las principales promotoras de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, una espiritualidad que invita a contemplar el amor misericordioso de Cristo, su entrega por la humanidad y su deseo de encontrar una respuesta de amor en el corazón de cada persona.
Con el acompañamiento espiritual del jesuita san Claudio de la Colombière, perseveró en su misión pese a las dificultades. Murió en 1690 y fue canonizada por el papa Benedicto XV en 1920.
Su legado no se reduce a una imagen religiosa o a una práctica devocional. El Corazón de Jesús nos recuerda que Dios ama a la humanidad, se acerca a quienes sufren y llama a sus discípulos a responder con una vida marcada por la compasión, la reconciliación y la entrega.
¿Qué nos enseña Santa Margarita María para vivir el bautismo?
Para los católicos dominicanos, su testimonio constituye una invitación a recuperar la centralidad de Jesucristo en la vida personal, familiar y comunitaria. No basta con llevar una imagen del Sagrado Corazón o participar ocasionalmente en una celebración: es necesario aprender a amar como Cristo ama.
En nuestras parroquias, esta espiritualidad debe traducirse en familias que practiquen el perdón, comunidades que reciban con respeto a quienes se han alejado de la Iglesia y grupos pastorales que acompañen con misericordia a las personas heridas por la violencia, la soledad, la pobreza o los conflictos familiares.
También invita a profundizar la vida eucarística, la oración y la adoración, procurando que el encuentro con Jesús transforme nuestras actitudes y nos impulse a servir mejor.
Santa Margarita María nos recuerda que renovar las promesas bautismales significa responder al amor de Dios con una fe viva, coherente y comprometida.
Dos santas, una misma llamada a la santidad
Santa Eduviges y Santa Margarita María de Alacoque nos muestran dos dimensiones inseparables de la vida cristiana. La primera nos enseña a reconocer a Cristo en los pobres y necesitados; la segunda nos invita a contemplar su amor para aprender a amar con un corazón semejante al suyo.
Ambas nos ayudan a comprender que la oración y la acción solidaria no deben caminar separadas. La auténtica espiritualidad cristiana conduce al encuentro con Dios y, al mismo tiempo, nos compromete con la dignidad y el bienestar de nuestros hermanos.
Para la Iglesia que peregrina en la República Dominicana, sus vidas representan un llamado a fortalecer la pastoral social, acompañar a las familias, promover la reconciliación y formar comunidades donde la misericordia sea más fuerte que la indiferencia.
Conclusión: un bautismo que se hace vida
En una sociedad que necesita más solidaridad, esperanza y reconciliación, Santa Eduviges y Santa Margarita María de Alacoque nos invitan a preguntarnos si nuestra fe está transformando verdaderamente nuestra manera de vivir.
¿Somos capaces de compartir con quienes tienen menos? ¿Sabemos perdonar, escuchar y acompañar a quienes sufren? ¿Permitimos que el amor de Cristo transforme nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras relaciones?
El bautismo nos incorpora a Cristo y nos convierte en miembros de su Iglesia, llamados a ser testigos de su Evangelio en el mundo.
Que el ejemplo de estas dos santas nos ayude a construir, desde nuestras parroquias, familias y comunidades dominicanas, una Iglesia cercana a los pobres, apasionada por Cristo y comprometida con la dignidad de cada persona.
Porque vivir el bautismo es, en definitiva, dejar que el amor de Dios habite en nuestro corazón y se convierta en servicio, misericordia y esperanza para los demás.


