Santo Domingo, fue un hombre emprendedor, predicador infatigable, fundador y organizador de la Orden de Predicadores. Fue un hombre sencillo con una profunda vida interior, de gran ecuanimidad y compasivo.
Domingo de Guzmán dejó un testamento de paz, como herederos de lo que fue la pasión de su vida: vivir con Cristo y aprender de Él la vida apostólica. Configurarse con Cristo, esa fue la santidad de Domingo: su ardiente deseo de que la Luz de Cristo brillara para todos los hombres, su compasión por un mundo sufriente llamado a nacer a su verdadera vida, su celo en servir a una Iglesia que ensanchara su tienda hasta alcanzar las dimensiones del mundo.
Nació en Caleruega (Burgos) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.
El origen de la Orden de Predicadores

Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra. En 1215 asiste al Concilio de Letrán donde solicita la aprobación de su Orden. Será un año después, el 22 de Diciembre de 1216, cuando reciba del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.
Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.
El Santo Rosario en la vida de Santo Domingo
Según la tradición, respaldada por numerosos documentos pontificios, cierta noche, Santo Domingo, estando en oración tuvo una visión en la que la Virgen María aparecía en su auxilio y le entregaba el Rosario, refiriéndose a este como el arma más poderosa para ganar almas.
La Virgen le enseñó a rezarlo y le pidió que hiciera lo mismo con todo aquél que pudiese. Ella hizo además una promesa: todo aquel que lo rezara obtendría gracias abundantes. Así, Domingo se convertiría en el más grande propagador de la oración a Nuestra Madre, el Santo Rosario, la oración mariana por excelencia.
Santo Domingo de Guzmán, quien conoció y trató a San Francisco de Asís, fundador de los Frailes Menores -la otra gran orden mendicante-, partió a la Casa del Padre en Bolonia (entonces parte del Sacro Imperio Germánico, hoy Alemania) el 6 de agosto de 1221. Tenía 50 años.
El Papa Gregorio IX lo canonizó en 1234. En su discurso, el Pontífice dijo de Domingo: “De la santidad de este hombre estoy tan seguro como de la santidad de San Pedro y San Pablo”.
El origen de un nombre y un gentilicio
El nombre de la Isla de Santo Domingo y de la República Dominicana se debe directamente a Santo Domingo de Guzmán (1170–1221), fundador de la Orden de los Predicadores (Dominicos). Tras la llegada de los colonizadores españoles y el establecimiento de la primera ciudad europea del Nuevo Mundo a orillas del río Ozama, la villa fue bautizada en su honor.
Este hecho histórico determinó de manera definitiva la identidad civil de la población: los habitantes de la parte oriental de la isla adoptaron el gentilicio de «dominicanos», una derivación directa del nombre del santo y de la orden religiosa que lideró la evangelización y la defensa de los derechos de los nativos en la época colonial.
La identidad de la República Dominicana y de la histórica Isla de Santo Domingo guarda una relación profunda e inseparable con sus patronazgos religiosos. Más allá del ámbito de la fe, las figuras de Santo Domingo de Guzmán, la Virgen de las Mercedes y la Virgen de la Altagracia constituyen las columnas vertebrales de la toponimia, el gentilicio y la cultura de la nación centroamericana.
En República Dominicana se celebra día 4 de agosto, por disposición de la Conferencia del Episcopado Dominicano (CED), pero su festividad litúrgica para la orden de los dominicos es el 8 de agosto.

