Santo Domingo Este, Los Mameyes.– Este domingo 19 de julio en un ambiente de profunda alegría y emoción, la comunidad parroquial San Juan de Ávila recibió este domingo al neosacerdote P. Dennis Jonneilys Castillo Jiménez, hijo de esta comunidad de fe, quien presidió una de sus primeras eucaristías en el templo donde nació su vocación sacerdotal.
Recientemente ordenado, tras completar su formación en el Seminario Misionero Redemptoris Mater de Berlín, Alemania, el padre Dennis regresó a la parroquia que lo vio crecer en la fe para celebrar la Eucaristía junto a familiares, amigos y las distintas realidades pastorales de la comunidad. La liturgia estuvo animada por la Hermandad de Emaús.
Visiblemente conmovido, el neosacerdote inició la celebración entre lágrimas y con un emotivo abrazo a la hermana Mireya Hernández, religiosa salesiana que acompañó parte de su educación primaria. A partir de ese gesto desarrolló su homilía, inspirada en la parábola del trigo y la cizaña.

El padre Dennis afirmó que todos somos, en algún momento de la vida, esa cizaña que el Señor desea transformar en trigo nuevo. Recordó que la hermana Mireya, creyó en él cuando era niño, prometió rezar por su vida y nunca permitió que fuera visto como un caso perdido. «La sociedad muchas veces quiere arrancar la cizaña, pero Dios sabe esperar», expresó, añadiendo que hoy es sacerdote porque aquella religiosa impidió que fuera «arrancado» y confió en el propósito que Dios tenía para su vida.
La paciencia, la esperanza y la confianza en la acción de Dios fueron el centro de su mensaje, invitando a los fieles a no descartar nunca a ninguna persona, porque el Señor continúa obrando en cada corazón.
Al finalizar la celebración, los fieles participaron en la tradicional veneración de las manos del presbítero, gesto propio en estas primeras eucaristías. Asimismo, quienes cumplieron las condiciones establecidas por la Iglesia pudieron lucrar la indulgencia plenaria concedida con ocasión de esta celebración.
La eucaristía constituyó un momento de especial alegría para la parroquia San Juan de Ávila, que contempla con gratitud el primer fruto de una vocación sacerdotal nacida y cultivada en el seno de su propia comunidad, renovando la esperanza de que Dios continúa llamando nuevos obreros para su mies.


